
La folclorista nacida en Constitución fue distinguida por más de cinco décadas dedicadas a la música tradicional chilena. Su historia está profundamente ligada al campo, la cueca y el rodeo, espacios en los que construyó una trayectoria que hoy reúne cerca de 800 cuecas y tonadas.
Una vida cantándole a las tradiciones del campo chileno recibió uno de los reconocimientos más importantes del país. Mirtha Lidia Iturra Bernales, folclorista y reconocida cantora vinculada al mundo del rodeo chileno, fue distinguida con el Premio a la Trayectoria Nacional en Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios 2026.
La cantora, nacida en Constitución y de profundas raíces maulinas, recibió el galardón este martes en el Salón Montt Varas del Palacio de La Moneda, en una ceremonia realizada en el marco del Día Nacional de la Cultura Tradicional y Popular.
El reconocimiento adquiere un significado especial para el mundo del rodeo. Mirtha Iturra comenzó a cantar a los 12 años y buena parte de su trayectoria se ha desarrollado precisamente en torno a la cultura campesina y corralera, llevando cuecas y tonadas a espacios donde el canto no es simplemente acompañamiento, sino parte de una tradición que se transmite entre generaciones.
Son más de cinco décadas dedicadas al folclore chileno. Durante ese recorrido ha conformado un repertorio cercano a las 800 cuecas y tonadas, entre composiciones propias y piezas recopiladas directamente de cultores tradicionales.
También integró agrupaciones como Espiga, Pahueldún y Tres para el Folclore, desarrollando un trabajo que ha contribuido a preservar y difundir expresiones musicales profundamente arraigadas en la cultura popular y campesina.
Una cantora con raíz maulina
Aunque actualmente reside en Puente Alto, Región Metropolitana, Mirtha Iturra nunca ha perdido el vínculo con la tierra donde comenzó su historia musical.
“Yo nací en Constitución y tengo la fortuna de ser una maulina de corazón. Aprendí mis primeros pasos en la guitarra y en la música con maestras y maestros de allá, especialmente con mi abuela Filomena, de la localidad de Pahuil, entre Chanco y Cauquenes”, recordó la cantora al recibir el reconocimiento.
Ese aprendizaje familiar fue determinante para una trayectoria que posteriormente continuaría en Santiago.
“Después me vine a Santiago, que me ha dado todo lo que soy, pero mi raíz es de allá, del Maule, y nunca voy a olvidar que ahí aprendí mis primeros sones en la guitarra. Gracias a la enseñanza de esas maestras soy lo que soy hoy día”, expresó.
Su postulación al Premio Margot Loyola Palacios fue presentada por la Agrupación de Folcloristas de Puente Alto, poniendo en valor una trayectoria que ha mantenido vivo un repertorio construido tanto desde la creación personal como desde la recopilación de canciones conservadas por generaciones de cultores.
Dos maulinos entre los reconocidos
Mirtha Iturra no fue la única trayectoria con raíces maulinas distinguida este año. También recibió el premio Luis Hernán Ortúzar Araya, “El Chincolito”, poeta popular y cantor a lo humano y lo divino, quien comenzó en el canto a lo poeta cuando tenía apenas ocho años.
El seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio del Maule, Pablo Amaro, destacó que dos de las cuatro personas reconocidas este año estén estrechamente vinculadas con la región.
“Luis Ortúzar, nuestro querido Chincolito, y Mirtha Iturra representan una vida ligada a la cultura tradicional, a la poesía popular, al canto y a los saberes que forman parte de nuestra identidad”, señaló.
El Premio a la Trayectoria Nacional en Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios, que en 2026 alcanzó su undécima versión, distingue a personas y agrupaciones cuyo trabajo en la creación, formación o investigación contribuye a preservar y enriquecer la cultura tradicional y el patrimonio cultural inmaterial de Chile.

Este año también fueron reconocidos el director y compositor de bandas de bronces Guillermo Contreras Maldonado, ligado desde hace décadas a la Banda Wiracocha de Iquique, y María Elena Hotus, Nua y maestra de la tradición oral rapa nui.
Para el rodeo chileno, sin embargo, el reconocimiento a Mirtha Iturra toca una fibra particularmente cercana: premia a una de aquellas voces que durante décadas han acompañado al mundo corralero y han ayudado a mantener vivo, a través de la cueca y la tonada, parte de su patrimonio musical y campesino.